El Real Madrid supera al Sevilla apoyado en el talento puntual y en Courtois, pero deja más dudas que certezas en el juego.

El partido arrancó con el Bernabéu inquieto y terminó pronto en desconfianza. El Real Madrid se encontró desde el primer minuto con un Sevilla valiente, agresivo y sin complejos, dispuesto a incomodar cada salida y a desnudar las costuras de un equipo blanco sorprendido por la intensidad rival. El plan sevillista fue claro desde el inicio: presión alta, ritmo y verticalidad. El Madrid tardó demasiado en entenderlo. A los cuatro minutos llegó la primera sacudida, con una acción que encendió las alarmas: Fran García apareció solo en el área, pero el portero del Sevilla evitó el golpe con una intervención decisiva que mandó el balón a córner. Fue un aviso serio en medio del desconcierto. Más preocupante fue lo que vino después. En el 7’, Huijsen perdió la referencia y cayó en el duelo de velocidad, dejando al Sevilla con el camino despejado. El desenlace fue casi cómico para los blancos: el delantero sevillista resbaló al borde del área cuando todo parecía preparado para el castigo. El Madrid, más que defender, sobrevivía.

Los primeros minutos dibujaron un equipo atenazado, con circulación estéril en el centro del campo, pases imprecisos y continuas correcciones defensivas. El balón era del Madrid, pero el control emocional pertenecía al Sevilla. No hubo profundidad ni llegadas claras. La defensa blanca siguió siendo un territorio inestable y, en el 13’, una nueva acción comprometida volvió a dejar al descubierto la falta de coordinación. El Bernabéu, impaciente, acompañó el desconcierto con silbidos cada vez más audibles.

En medio del ruido apareció Mbappé. Un regate eléctrico dentro del área rompió la monotonía y encendió tímidamente a la grada. Fue el único que pareció entender que el partido pedía algo más que orden: buscó el desequilibrio, intentó el pase final, aunque sin éxito. Una chispa aislada en un equipo apagado. El Madrid trató de recomponerse pasada la media hora. Vinicius ganó un duelo, lanzó a Fran García por la izquierda y el centro no encontró rematador, pero la jugada sirvió como síntoma: el Madrid quería empezar a mandar, aunque todavía sin claridad ni continuidad.

El partido parecía condenado a arrastrarse hasta el descanso entre la inquietud y los silbidos, pero el fútbol volvió a recordar su naturaleza caprichosa. En el 38’, cuando el Madrid menos argumentos tenía y más necesitaba una señal, Bellingham cambió el guion con un golpe de talento puro. Balón parado, salto imponente y un remate de cabeza seco y preciso que se coló junto al ángulo. Del murmullo al rugido en un instante. No fue una jugada trabajada ni una consecuencia lógica del juego. Fue una aparición. El gol no cerró las heridas, pero sí calmó la hemorragia. Los últimos minutos del primer tiempo se jugaron en campo sevillista y el Madrid se fue al vestuario por delante, aunque con una sensación clara: el gol le dio aire, no respuestas.

El segundo tiempo mantuvo el mismo guion, pero con más vértigo. Mbappé volvió a intentarlo sin premio y el Sevilla respondió a la contra. En el 51’, un disparo violento de Isaac obligó a Courtois a firmar una parada extraordinaria que sostuvo al equipo cuando el equilibrio todavía era frágil. El partido se abrió, se partió, y el Madrid siguió sin cerrarlo. El Sevilla no renunció a correr. Alexis Sánchez encontró la banda izquierda en otra transición peligrosa y volvió a exigir a Courtois, decisivo con una intervención salvadora. El ida y vuelta se impuso al control. En el 55’, Mbappé rozó el gol con un cabezazo que se estrelló en el larguero. Presencia constante, premio esquivo: la imagen resumía su noche. El punto de inflexión llegó en el 62’. Tras otra acción mal defendida, Alexis Sánchez atacó el área, pero se topó una vez más con Courtois. Poco después, Marcão vio la segunda amarilla tras una dura entrada sobre Bellingham en el centro del campo. La expulsión rompió el equilibrio y cambió el paisaje del partido. Con superioridad numérica, el Madrid ganó tranquilidad. El Sevilla perdió orden. Las faltas se acumularon, las llegadas tarde se repitieron y la confusión visitante se reflejó en las amonestaciones. Salió Isaac y el bloque se replegó para resistir. El partido se convirtió en un asedio prolongado, más territorial que brillante.

El desenlace llegó en el tramo final. En el 85’, con el Sevilla desbordado, una acción defensiva mal medida acabó con una falta dentro del área provocada por Alexis Sánchez. El árbitro señaló penalti y Mbappé asumió la responsabilidad. Esta vez no falló. Disparo ajustado y 2-0 para cerrar un marcador que empezaba a ensancharse más que las sensaciones.

El final, sin embargo, todavía guardaba tensión. Sow vio la segunda amarilla y dejó al Sevilla momentáneamente con nueve, ya exhausto y sostenido solo por el esfuerzo. En el tiempo añadido, el partido se volvió caótico. El VAR revisó una acción dentro del área madridista y terminó anulando un posible penalti que había sido señalado en primera instancia. Poco después, otra jugada polémica alimentó las protestas de un Sevilla agotado, sin piernas ni margen, que terminó el encuentro entre la frustración y el desgaste.

El pitido final cerró un partido más bronco que brillante. El Real Madrid ganó, sí, pero la lectura fue clara. Ganó por talento puntual, por Courtois y por el contexto de un rival que acabó roto. Ganó sin mandar. Y ni siquiera un marcador más amplio logró esconderlo.

Ficha técnica:

Real Madrid: Courtois, Asencio, Rüdiger, Huijsen, Fran García, Arda Güler, Tchoaumeni, Bellingham, Rodrygo, Mbappé, Vinicius.

Sevilla: Vlachodimos, J, Sánchez, Carmona, Gudelj, Marcao, Suazo, Agoumé, Sow, Mendy, Isaac Romero, Alexis Sánchez.

Goles: 1-0 Bellingham (’38); 2-0 Mbappe (’85)

Árbitro: Antonio Muñiz Ruiz

Incidencias: Partido correspondiente a la jornada 17 de la Liga EA Sports y disputado en el estadio Santiago Bernabéu (Madrid) ante 75.396 espectadores.

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